Una isla perdida y encontrada

Los horrores marinos de William Hope Hodgson

 

Lotavianos es el cuarto libro de Damián H. Estévez ambientado en la imaginaria isla de Lotavia. Contiene diez relatos que exploran diversos personajes e historias. 

 

Surge en algunos relatos un componente de violencia soterrada, una visión destemplada de la naturaleza humana que debe sobreponerse a grandes retos y obstáculos: el abuso («El esteticista»), la prostitución («El secreto de Rosalinda»), los conflictos asociados a la discriminación por  travestismo («Hombre con traje rojo»), la pérdida de un hijo («El mar en su hueco»). Otros relatos  abordan contrariedades más leves como determinadas manías que se instauran en la cotidianidad (y que pueden esconder su lado absurdo como en «La comodidad de las cosas») o la querencia por lo bello y la afección (física incluso) por todo lo que escape a la contemplación de la hermosura  («La belleza»). Así, pues, algunas de estas historias son más amables y otras más desgarradoras.

 

Damián H. Estévez desarrolla las historias tanto en ambientes rurales como urbanos, y con saltos temporales que ayudan a perfilar la evolución de la sociedad española a lo largo del siglo XX a través de esta Lotavia que viene a significar una especie de síntesis del archipiélago canario entero.

 

La extensión de los cuentos es variable. Si bien todas las piezas pueden englobarse dentro del rubro de relatos, salvo el último texto («Arminda y el cofre del esposo difunto», que constituye una nouvelle), lo cierto es que anida en la escritura de Damián H. Estévez un incuestionable espíritu de novelista. En efecto, y aunque se trate de relatos, el abordaje narrativo tiende a lo prolijo y minucioso, la prosa se carga de elementos descriptivos. Esta capacidad descriptiva es encomiable y sirve a la fundación de todo un orbe de ficción donde las pasiones mueven a los personajes más allá de sus circunstancias. 

 

Asimismo, el escritor despliega su destreza al jugar con las distintas voces narrativas. Este juego afecta tanto a la elección de los narradores como a su focalización, lo que ayuda a recrear los relatos desde distintos ángulos, e incide en las propias tramas al alterar la presentación de la información, dosificándola y estableciendo variaciones rítmicas y de tensión narrativa, como puede comprobarse en el primer cuento del volumen: «Incendios», donde dos personajes, cada uno con su memoria a cuestas, convergen desde sus ópticas particulares en el mismo instante.

 

Pobreza de Víktor Gómez

 

 

La obra tiene un desarrollo estilístico notable, con gran riqueza de recursos expresivos y estructurales.

 

Los personajes de Lotavianos pululan entre distintas historias y, a su vez, se vinculan con situaciones esbozadas en la obra precedente de Damián H. Estévez, especialmente en la novela Quién como yo. El autor ha sabido retomar aspectos secundarios de la novela y ampliarlos en estos cuentos, en un ejercicio de edificación narrativa que armoniza al final todas las historias y personajes dentro de un mundo vasto y heterogéneo. 

 

Damián H. Estévez ha cimentado todo su corpus literario en torno a la ficticia isla de Lotavia. El poder fundacional de este espacio utópico supone recobrar la facultad de observar la profusión de lo real en el océano de nuestra existencia. Lotavia acaso sea una isla perdida en la inercia de la realidad diaria, pero ha sido encontrada  –y cartografiada– en la ficción para amplificar nuestra mirada. 

 

 

 

 

 

 

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